El financiamiento de los partidos políticos y de las campañas electorales en Venezuela siempre han tenido un origen turbio, y muy poco claro las fuentes de donde provienes sus recursos; esto a sido así durante toda la historia democrática nacional, por supuesto en la actualidad no es la excepción. Mucho se habla y con razón, del uso y abuso de los medios y bienes del estado en las campañas electorales en sí, para la movilización de las maquinarias partidistas el mismo día del evento electoral, la logística necesaria de su personal y el traslado de sus militantes a votar; pero ojo, no solo en las filas revolucionarias se ve esto, sino también por medio de las gobernaciones y alcaldías que están en mano de la oposición venezolana.
Además de lo antes mencionados tenemos el factor del financiamiento extranjero por medio de las embajadas injerencistas y de pseudo fundaciones como la NED, que al igual que a las Ong's de su agrado y conveniencia le dan una dote de lechugas verdes siempre y cuando obedescan sus dictámenes y cumplan al pie de la letra sus lineamientos, como hacen en toda latinoamerica (a quienes consideran su patrio trasero) y el resto de los países existentes en el globo terráqueo sin excepción. Aunque en otros países el caso es más grave, ya que las mafias del narcotrafico, paramilitares y bandas delictivas bien estructuradas, financian y postulan candidatos con regular frecuencia en sus zonas de influencia (Caso norte de México, Colombia y en Europa la isla de Sicilia en Italia, etc), en Venezuela por ahora nos salvamos de estos grandes aportes a las campañas por parte del crimen organizado, gracias a que los capos y ganster no han logrado burlar ciertos controles existentes en el país, aunque algo de eso hay en estados como el Tachira y Zulia.
En muchos casos lo que se trata es de comprar conciencias a ultima hora, bien sea con dinero en efectivo, con prevendas del estado nacional por medio de alguna misión o favor concedido, o muy recientemente con llamadas telefónicas y mensajes subliminales en los medios de comunicación masiva. En conclusión todo esto es abominable, aborrecible y esta mal en cualquiera de los casos, ya que en democracia libre y directa, el elector al momento de votar debe estar en paz con su conciencia y meditar que es lo que le conviene o no, para así seleccionar su mejor opción...

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